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En un mundo donde el ritmo frenético impera, lo “fast” parece también la tendencia dominante. La sociedad está acostumbrada al consumo masivo, a “disfrutar” rápido de una cosa para pasar la siguiente. A la inmediatez, a los resultados al segundo. Quiero algo y lo quiero ya, sin reparar en más cuestiones.

En las empresas también domina ese concepto “fast”. Crecer, crecer y crecer. Vender, vender y vender. Como si no hubiera un mañana. Muchas veces, de cualquier manera y a toda costa.

Y, como parte de ese engranaje acelerado, las consultoras de marketing tienden a aceptar ese juego. Incluso a veces doblan la apuesta: veo tu velocidad y apuesto otra marcha más.

En un mundo casi paralelo, una filosofía contraria se va haciendo un hueco. El “Slow” ya está en la moda, promoviendo prendas sostenibles, éticas y duraderas; está en la restauración, con alimentos ecológicos y locales envueltos en experiencias culinarias; está en los viajes, con el turismo de naturaleza, de proximidad, de propuestas tranquilas para disfrutar y conocer a fondo un lugar…

Ahora bien, ¿qué pasaría si aplicásemos el concepto slow a nuestro sector? ¿Qué obtendríamos? ¿Qué cambiaríamos?

Otra forma de entender el marketing

Tendríamos una buena lista de cambios, desde luego. Pero más que de cambios concretos hablaríamos de una transformación en el concepto, en la forma de ver el marketing. Incluso de ver el mundo. Todas las iniciativas slow tienen en común eso, otra forma de ver las cosas. Una manera ética, sostenible, crítica, honesta, justa…

Y al igual que en otros sectores, en el nuestro también es cosa de dos. Escuchar y comprender desde esa perspectiva diferente, en actitud bidireccional. Sentarse con intención de ayudar, sentarse con intención de recibir ayuda. Basar la relación en la confianza y no en el mero consumo de recursos para vender más y más.

Tomar conciencia de que marketing y vender son dos palabras compatibles con criterios éticos, a todos los niveles. En el trato de empleados y proveedores, en las acciones de comunicación, en el funcionamiento interno de las empresas, etc. Mirar slow, mirar conscientemente. Mirar con la intención de transformar el mundo. También, en marketing.

 

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